A pocos días de que los campos de entrenamientos abran de lleno, el nombre de Framber Valdez sigue sonando como el gran “¿y entonces?” entre los abridores premium que quedan en la mesa. No es por falta de credenciales: el dominicano llega con etiqueta de abridor de punta, pero también con un “paquete” de factores —la famosa letra pequeña— que está marcando el paso de su mercado.

Curioso por una situación que no vi venir en este caso  he iniciado  consultas de las principales fuentes que  cubren y analizan los movimientos y las actividades de los equipos de MLB  y comparto algunos de los hallazgos más relevantes sobre este caso, que nos dan una idea  de cuan  sofisticado se mueven los negocios en el punto de las grandes ligas.

El primer freno es reglamentario y caro: Valdez rechazó la oferta calificada de Houston (US$22.025 millones por un año) y salió a buscar un pacto multianual, pero el club que lo firme tiene que pagar el peaje de la compensación del Draft por tratarse de un jugador con QO declinada. Y en un invierno donde los equipos están calculando cada movimiento con lupa, ese pick pesa… y más si el front office entiende que todavía puede “pescar” valor sin sacrificar selecciones.

En el terreno, lo que Valdez ofrece es una mercancía difícil de encontrar en estos tiempos de batazos por el aire: es una fábrica de rodados. MLB lo describe como el ejemplo perfecto del ground-ball machine, y los números respaldan el apodo: desde 2020 ha provocado rodados a un ritmo que lo coloca en la cima de la liga, con 62% de rodados en bolas bateadas permitidas en la década, el más alto entre abridores regulares en ese tramo. Ese perfil no solo evita daño grande: también te cambia una serie completa, porque obliga a batear incómodo y a vivir pegado al piso.

Y ojo: Valdez no es únicamente “rodado y suerte”. Lo suyo es una receta que mezcla rodado o ponche con consistencia rara. De acuerdo con MLB, 65% de los bateadores que lo enfrentan terminan o ponchados o rodando la pelota, el porcentaje más alto entre lanzadores con volumen similar desde 2020. En pocas palabras: o te saca el out por la vía rápida, o te obliga a ponerla en juego con poca calidad.

Además, en un béisbol donde muchos brazos brillan cinco entradas y se apagan, Valdez tiene una tarjeta de presentación que vale oro: come innings. MLB resalta que promedia 192 entradas por año desde 2022, y que su ritmo de ponches se mantiene en el rango alto (unos 187 K por temporada entre 2022-25). No es un “brazo de vitrina”; es un abridor que aguanta la carga y le baja la presión al bullpen.

Su repertorio también tiene identidad clara: sinker, curva y cambio dominan su libreto —alrededor de 90% de sus pitcheos—, todos diseñados para producir contacto por el suelo. Y la joya del paquete es la curva, que no está ahí para “decorar”: en 2025 tuvo 2,943 rpm y se comportó como pitcheo de remate, con una tasa de swings en blanco que suele estar por encima de 40%; ese año consiguió 121 ponches solo con la curva, tope de MLB en curvas y segundo mayor total de ponches para un solo tipo de pitcheo.

Entonces, ¿por qué el “caballo” sigue sin silla? Aquí entra el punto que los equipos no pueden ignorar: 2025 dejó dos versiones de Framber. MLB detalla que en sus primeras 21 aperturas fue dominante (11-4, 2.62 ERA, 141 K en 134 innings), pero en las últimas 10 se le viró la película (2-7, 6.05 ERA, 46 K en 58 innings). No borra el historial, pero sí enciende las alarmas típicas: cuando el comando se mueve y la bola se queda más arriba, el margen se estrecha.

También hay un detalle de “encaje” que en este caso importa más que con un as de ponche puro: Valdez depende más del infield. Su éxito está amarrado a que el cuadro convierta rodados en outs y dobles plays; si el equipo no defiende, el rodado se convierte en hit y la entrada se ensucia. Por eso MLB insiste en que su mejor destino es un club con defensa interior fuerte, y ahí los Cachorros aparecen como el “fit” ideal por guantes y métricas defensivas del cuadro.

En cuanto a los pretendientes, el termómetro del mercado lo sigue poniendo Baltimore. Reportes locales señalan que los Orioles se han mantenido esperando esa firma grande de abridor, con Valdez como el nombre que más se repite, aunque con el costo del pick de Draft en la ecuación. Y MLB Trade Rumors añade que Mets, Blue Jays y Red Sox se reunieron con Valdez alrededor de las reuniones invernales, y que los Giants también se sentaron a conversar.

¿Hacia dónde puede caer la negociación? Hay dos rutas que se sienten lógicas. Una es el pacto largo si alguien decide pagar “precio de as”, pero con protecciones de riesgo (opciones, escalones, incentivos). Ahí entra la proyección pública de ESPN: 6 años y US$168 millones. La otra es el camino que se ha vuelto común cuando el mercado aprieta: menos años, más dinero anual, con algún opt-out que le devuelva control al jugador si vuelve a poner números de ace temprano.

Al final Framber Valdez sigue siendo un brazo de impacto —rodados, innings y un repertorio con personalidad—, de esos que en octubre pueden inclinar una serie si lo pones detrás de un cuadro que convierta todo lo que toca. Pero el cierre de 2025 y el peaje de la QO están haciendo que los equipos negocien con bisturí.

En el ajedrez de este invierno, la pregunta no es si tiene mercado: la pregunta es quién parpadea primero y decide montar al “caballo” zurdo antes de que el calendario convierta la firma en carrera contra el tiempo.

 

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