Los sofocos figuran entre los síntomas más frecuentes durante la perimenopausia y la menopausia. Estos episodios se caracterizan por una sensación repentina de calor intenso, acompañada de sudoración y enrojecimiento, que puede durar desde algunos segundos hasta varios minutos y afectar tanto durante el día como en la noche.

Especialistas explican que estos síntomas están relacionados con los cambios hormonales que ocurren en esta etapa de la vida femenina. La doctora Monica Christmas, de University of Chicago Medicine, señala que los sofocos incluso pueden comenzar antes de la última menstruación, durante la fase conocida como perimenopausia.

Datos de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos indican que cerca del 80 % de las mujeres experimentará sofocos durante la transición menopáusica, aunque la intensidad y frecuencia pueden variar de una persona a otra.

Los expertos explican que, aunque muchas mujeres sienten como si tuvieran fiebre, la temperatura corporal realmente no aumenta de forma considerable. El origen del problema se encuentra en el hipotálamo, la zona del cerebro encargada de regular la temperatura del cuerpo.

Con la disminución de los niveles de estrógeno, el hipotálamo se vuelve más sensible a pequeños cambios de temperatura y reacciona como si el organismo estuviera sobrecalentado. Como respuesta, los vasos sanguíneos se dilatan y aparece la sudoración para intentar enfriar el cuerpo.

La sensación de calor suele comenzar desde el pecho hacia arriba y genera una necesidad inmediata de refrescarse, explicó la doctora Christmas.

Los especialistas también identifican varios factores que pueden empeorar los sofocos, entre ellos el consumo de alcohol, la cafeína, el estrés, las altas temperaturas y los alimentos ricos en azúcar o ultraprocesados.

Algunas investigaciones recientes han encontrado que ciertas mujeres pueden experimentar síntomas más prolongados e intensos. Estudios señalan que las mujeres negras, por ejemplo, suelen padecer sofocos más severos y durante períodos más largos.

Además, expertos advierten que los sofocos persistentes y las sudoraciones nocturnas podrían estar relacionados con un mayor riesgo cardiovascular, por lo que recomiendan controlar la presión arterial, el colesterol y mantener hábitos saludables.

Durante años se pensó que la disminución del estrógeno era la única causa de los sofocos, pero investigaciones recientes identificaron la participación de neuronas del hipotálamo llamadas KNDy, relacionadas con la regulación térmica del cuerpo.

Este descubrimiento permitió avanzar en nuevos tratamientos más específicos. Entre las opciones disponibles continúa la terapia hormonal con estrógenos, aunque no todas las mujeres pueden utilizarla, especialmente aquellas con antecedentes de cáncer de mama o trastornos de coagulación.

En los últimos años también surgieron medicamentos dirigidos al mecanismo cerebral de los sofocos. Entre ellos se encuentran Veozah y Lynkuet, desarrollados para actuar sobre receptores relacionados con la regulación térmica.

Asimismo, algunos especialistas utilizan tratamientos alternativos como ciertos antidepresivos, gabapentina y oxibutinina para ayudar a disminuir los síntomas.

Los expertos destacan además que terapias como la cognitivo-conductual y la hipnosis pueden contribuir a reducir la intensidad de los sofocos y mejorar la calidad de vida.

La doctora Mónica Christmas recomienda consultar a un médico cuando los sofocos afectan el descanso, el trabajo o las actividades cotidianas.

También recuerda que, en algunos casos, las sudoraciones nocturnas podrían estar asociadas a otros problemas de salud, como trastornos de la tiroides, infecciones o determinados tipos de cáncer.

Aunque los sofocos forman parte habitual de la menopausia, especialistas aseguran que actualmente existen múltiples estrategias y tratamientos para aliviar los síntomas y ayudar a las mujeres a sobrellevar esta etapa de manera más saludable.

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