
Michigan encontró la manera de ganar cuando menos fino lució. En una final de bajo porcentaje y mucha fricción, los Wolverines derrotaron 69-63 a UConn este lunes en Indianápolis para conquistar el segundo título nacional de su historia, el primero desde 1989.
El conjunto dirigido por Dusty May sobrevivió a una noche ofensiva incómoda, en la que apenas convirtió dos disparos de tres puntos, pero compensó sus limitaciones con fortaleza mental y gran efectividad desde la línea de tiros libres, donde selló un 25 de 28. Elliot Cadeau encabezó el ataque con 19 puntos, mientras que Trey McKenney castigó en el momento más decisivo con un triple a falta de 1:50 que prácticamente sentenció el duelo.
UConn, fiel a su estilo combativo, no bajó los brazos y llevó el partido al límite. Solo Ball acercó a los Huskies con un triple que redujo la diferencia a cuatro puntos en los segundos finales, pero Alex Karaban, líder ofensivo de su equipo con 17 tantos, falló un disparo clave que pudo meter de lleno a los campeones defensores en la pelea.
Aunque Michigan fue superado ampliamente en rebotes ofensivos 22-12 y sufrió una discreta actuación de Yaxel Lendeborg, afectado físicamente y limitado a 13 puntos, logró imponer su temple en los minutos decisivos para completar una temporada formidable de 37 victorias y apenas tres derrotas.
Para UConn, la derrota significó el fin del sueño de convertirse en el primer programa desde la legendaria UCLA de John Wooden en ganar tres títulos en un lapso de cuatro temporadas. Los Huskies pagaron caro su ineficiencia ofensiva, tirando apenas para un 30.9% de campo y fallando sus primeros 11 intentos de tres en la segunda mitad.























