El nombre de un nuevo virus ha cobrado relevancia en los últimos días. Se trata del hantavirus, identificado en un crucero de expedición polar que partió desde Ushuaia, en Argentina, la ciudad más austral del mundo.
Durante el viaje, tres personas murieron a causa de la enfermedad y otra, en estado grave, fue trasladada a Sudáfrica, donde recibe atención médica. El barco permanece anclado en Cabo Verde, su destino final, mientras se realizan pruebas de laboratorio para descartar más contagios.
¿Qué es un hantavirus?
Los hantavirus conforman un grupo de más de veinte tipos de virus pertenecientes a la familia Bunyaviridae, que a diferencia de otros de su categoría no se transmiten por insectos, sino por roedores infectados, de acuerdo con la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA).
Se trata de un virus zoonótico, capaz de transmitirse de animales a humanos, y que puede provocar enfermedades graves con tasas de mortalidad que oscilan entre el 5 % y el 15 %, o incluso superiores según la variante.
Esta familia viral se divide en dos grandes grupos según su distribución geográfica: los del Viejo Mundo (Europa y Asia) y los del Nuevo Mundo (América).
¿Cómo se transmiten los hantavirus?
La principal vía de contagio es el contacto con secreciones de roedores infectados —como orina, heces o saliva— o, en casos menos frecuentes, a través de mordeduras.
Estos animales funcionan como reservorios naturales del virus, y una de las formas más comunes de infección es la inhalación de partículas contaminadas en el aire, como polvo con material infeccioso.
Entre los propios roedores, la transmisión ocurre por mordeduras o arañazos. Aunque el contagio entre personas es poco habitual, la enfermedad puede ser grave y su recuperación prolongada.
La OMSA advierte que también puede existir riesgo con animales domésticos, como ratas mantenidas como mascotas, que pueden portar el virus sin mostrar síntomas evidentes, por lo que recomienda su evaluación veterinaria en caso de sospecha.
Según la Organización Mundial de la Salud, los casos pueden confirmarse mediante pruebas de laboratorio que detectan anticuerpos específicos, como la inmunoglobulina M (IgM).
Síntomas y pronóstico
La mayoría de las infecciones pueden pasar desapercibidas, aunque en algunos casos llegan a ser mortales.
Los primeros síntomas suelen ser similares a los de la gripe, incluyendo fiebre, dolor de cabeza y dolores musculares, además de tos y dificultad para respirar.
En Europa y Asia, algunas variantes del virus pueden provocar afectaciones renales.
En humanos, la enfermedad puede confundirse con neumonías virales o bacterianas, fiebres hemorrágicas y otras afecciones, debido a la similitud de sus síntomas iniciales, como náuseas, fatiga y malestar general.
El diagnóstico en etapas tempranas —dentro de las primeras 72 horas desde la infección— puede resultar complejo, por lo que se recomienda repetir las pruebas pasado ese periodo si persisten los síntomas.


























