Domingo Saint Hilaire no solo narró la historia deportiva de Santiago y del Cibao: también ayudó a construirla. Dueño de una pluma ágil, de una curiosidad sin descanso y de una vocación total por el oficio, se convirtió en una de las figuras más respetadas de la comunicación dominicana.

Fallecido en 2019 a los 84 años, su legado recibirá ahora la consagración mayor con su escogencia como inmortal del Deporte Dominicano para el 60 Ceremonial del Pabellón de la Fama, pautado para el domingo 15 de noviembre de 2026. Durante más de tres décadas fue figura principal del Listín Diario en Santiago, medio al que ingresó en 1963 y donde ejerció por años como su único corresponsal en la ciudad.

Tambien laboró para La Nación, El Caribe,  La Información  de la que  fue Editor Deportivo, y para Ultima Hora.

Para los jóvenes periodistas, Domingo fue algo más que un reportero veterano: fue un libro abierto. Compartía conocimientos sin distinción, orientaba con naturalidad y enseñaba desde la práctica, con la autoridad que solo dan la calle, la disciplina y el respeto ganado.

Era de esos comunicadores que parecían estar en todas partes: cubría deportes, arte, política, economía y la cotidianidad de Santiago con la misma seriedad, dejando en cada nota el sello de un profesional completo. El propio anuncio de su exaltación lo define como un comunicador polifacético, audaz y profundamente querido en Santiago y en todo el Cibao.

En el deporte, su huella fue todavía más profunda. Saint Hilaire participó en 1964 en la comisión electoral que escogió por primera vez de manera democrática el comité ejecutivo de una federación deportiva nacional, la Federación Dominicana de Béisbol. En 1965 fue elegido secretario general de la Asociación de Cronistas Deportivos de Santiago (ACDS), cargo que volvió a ocupar entre 1971 y 1973; también fue vocal en 1968 y vicepresidente en 1984.

La ACDS lo reconoció como Cronista del Año de Santiago en 1966, 1974, 1977 y 1983. En 1967 fiscalizó las elecciones de la directiva de la Federación Dominicana de Béisbol y ese mismo año fundó Leña Cibaeña, programa que produjo y condujo por más de cuatro décadas. En 1971 integró como periodista la delegación dominicana que compitió en la XIX Serie Mundial de Béisbol Aficionado en La Habana, y en 1975 fungió como edecán del inmortal del boxeo Kid Langford en el Pabellón de la Fama.

Pero hablar de Domingo Saint Hilaire en materia deportiva obliga a detenerse en el boxeo, disciplina a la que sirvió con pasión de cronista y visión de promotor. No fue un simple observador del pugilismo: fue un impulsor real de esa actividad, un hombre que ayudó a moverla, defenderla y proyectarla.

Durante muchos años representó al país en el Consejo Mundial de Boxeo, responsabilidad que lo llevó a viajar por distintas partes del mundo y a relacionarse con grandes figuras del deporte, la política y el arte. Esa dimensión internacional reforzó aún más el prestigio de un periodista que siempre llevó el nombre de Santiago con orgullo.

Su capacidad de trabajo era descomunal. En la radio santiaguera, en la prensa escrita y desde el mismo terreno de juego, Domingo mantuvo una producción constante que lo convirtió en referencia obligada del diarismo deportivo de primer orden, entre ellas la dirección de Prensa de los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santiago ’86, uno de los acontecimientos deportivos más importantes celebrados en la región. Mucho antes de su escogencia para el Pabellón de la Fama del Deporte Dominicano, Santiago ya había reconocido su grandeza: en 2012 fue exaltado al Salón de la Fama del Deporte de Santiago (Safadesa), y la ACDS ha perpetuado su memoria en espacios de su sede en La Barranquita.

Domingo Saint Hilaire fue, en esencia, un coloso del periodismo. Un hombre que hizo del micrófono, la libreta y la máquina de escribir instrumentos de servicio público. Un cronista que entendió el deporte como cultura, como comunidad y como memoria.

Y un maestro que dejó escuela sin proponérselo, simplemente ejerciendo con sapiencia, entrega y nobleza. Por eso su inmortalidad no llega tarde: llega como la confirmación de una verdad que Santiago conoce desde hace décadas. Domingo Saint Hilaire fue, y seguirá siendo, una de las grandes conciencias periodísticas del Cibao.

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