
Desde que se anunció la pelea entre el campeón mundial unificado de los pesos pesados, el ucraniano Oleksander Usyk y el peleador de kickboxing, el holandés Rico Verhoeven se suponía que el primero tendría un combate con escaso inconvenientes y que, tal y como lo ha hecho durante toda su carrera, volvería a salir airoso.
Esto así, si se parte del tipo de boxeador que es Usyk, quien ha demostrado ser el mejor peso pesado de los últimos tiempos, tras ganarle a toda la oposición, incluido a los mejores, y al hecho de que Verhoeven relativamente no tenía ninguna experiencia como boxeador, pese a ser una leyenda del kickboxing.
Sin embargo, contra todos los pronósticos, Verhoeven estuvo a punto de lograr una sorpresa mayúscula, podría decirse que impensable previo a iniciar la pelea, celebrada el pasado sábado en las pirámides de Giza, en Egipto.
Verhoeven, con un estilo algo raro y aún sin la destreza natural de un boxeador, subió al cuadrilátero a darlo todo en pos de la victoria y desde el inicio del combate, no cesó de presionar ni de tirar golpes a un Usyk que, en honor a la verdad, lució por debajo de la habitual y en cierto modo se le vio conservador y tímido en el plano ofensivo en términos generales.
Verhoeven, con una defensa relativamente nula, concentró su pelea en el ataque e incluso en varias ocasiones su mano derecha en recto y ganchos hicieron estragos en el rostro de Usyk, quien a excepción del cuarto, décimo y onceavo asaltos, cuando si pareció emplearse a fondo y lanzarse de lleno en pos de la victoria, en la mayor parte del trayecto se limitó a realizar una pelea defensiva, lo que fue a provechado por su rival para ganar confianza e ir sumando puntos.
La pelea llegó al undécimo capítulo con lo que parecía sería un triunfo inesperado de Verhoeven. No obstante, un gancho de izquierda de Usyk sobre Verhoeven cuando este último se abalanzaba sobre él, envió a la lona al retador cuando restaban segundos para finalizar el round. Verhoeven se puso de pie el referí lo llevó a su equina para que le colocarán el protector bucal y Usyk luego aprovechó para descargar una lluvía de potentes izquierdas y derechas sobre el holandés que motivaron al referí a detener la pelea.
Fue esta una decisión controversial porque parecía que Verhoeven podía seguir, quien incluso protestó la detención cuando apenas faltaba un segundo para concluir el asalto.
Así, a los dos minutos y 59 segundos Usyk se apuntó la victoria por nocaut técnico, la número 25 de su carrera en igual cantidad de peleas, con 16 nocauts y de paso retuvo sus tres títulos pesados, avalados por el Consejo Mundial de Boxeo –CMB-, Asociación Mundial de Boxeo –AMB- y Federación Internacional de Boxeo –FIB-.
El triunfo, sin embargo, en el que Usyk resurgió como el Ave Fénix, cuando ya le quedaba muy poco tiempo para reaccionar y virar el curso de la contienda, no convenció del todo y dejó dudas respecto a las reales condiciones del fenómeno ucraniano, quien a sus 39 años podría haber comenzado a rondar el proceso del declive que experimenta todo peleador, mucho más cuando se llega a una edad tan avanzada –su nivel y rendimiento mostrado hasta ahora han sido excepcionales-.
Es cierto que Rico Verhoeven le llevaba unas 25 libras y que tenía claras ventajas físicas sobre él, relativamente en todos los órdenes. Sin embargo, Usyk ha enfrentado a otros boxeadores de la élite, tales como Tyson Fury y Anthony Joshua, por citar dos ejemplos,que también han sido superiores físicamente, y ha ofrecido demostraciones admirables ante éstos, a quienes venció en dos ocasiones a cada uno.
De ahí el que su desempeño esta vez no obedeció a razones de ventajas físicas de su rival. Ahora bien, el boxeo es cuestión de estilos, y a lo mejor la forma de pelear que mostró Verhoeven lo desconcertó y no le permitió desarrollar su plan habitual de pelea y lucir tan dominante como otras veces.
En todo caso, lo importante es que retuvo sus coronas y sigue siendo campeón, aún cuando su victoria en ´términos de gloria no le aporta relativamente nada, a margen de los más de 15 millones de dólares que ganó.
Ahora sus perspectivas apuntan a una posible pelea ante el invicto alemán, Agit Kabayel, una de las figuras emergentes de la división, quien es el nuevo ídolo de su país y que hasta el momento lleva una trayectoria sin mácula en la que exhibe foja de 27-0, con 19 nocauts.
Incluso, tras concluir la contienda ante Verhoeven, el zar de la promoción mundial, el árabe Turki Alalshikh insinuó la posibilidad de que Kabayel, quien estuvo presente en la cartelera, sea el próximo rival de Usyk, lo que indica que esta probabilidad de ninguna manera puede ser descartada.
De todas formas, esperemos, pues, para ver qué le depara el futuro inmediato a Usyk, un superbo que ya no le queda nada por lograr en este deporte, tras haber sido, entre otros logros, medallista de oro olímpico y tres veces campeón absoluto, tanto en pesos crucero como en la división más importante, los pesos pesados. ¿El retiro…?¡Eso sólo él lo sabe! Empero, lo cierto es que al parecer ya los años comienzan a pasarle factura y lo más prudente es que comience a meditar al respecto. Esperemos. PARA QUE LO APRENDAS O LO RECUERDES:A propósito de Usyk, es oportuno decir que éste conquistó por primera vez el titulo mundial de los cruceros cuando, el 17 de septiembre del 2016, venció por decisión en 12 asaltos al ruso Krzysztof Glowacki. En la ocasión ganó el trono de la OMB. ¡Suena la campana! ¡Climmp!
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El ucraniano Oleksandr Usyk, izquierda, castiga al retador holandés Rico Verhoeven previo a vencerlo por nocaut técnico en el asalto número 11. Foto fuente externa.



























